En los últimos 18 meses, los candidatos de derecha en América Latina han ganado las últimas siete elecciones presidenciales. Ahora, la nación más grande de la región podría estar a pocas semanas de hacer lo mismo.
El domingo, Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente de extrema derecha Jair Bolsonaro, obtuvo la mayor cantidad de votos en la primera vuelta, lo que lo convierte en el claro favorito para la presidencia cuando se enfrente al presidente Luiz Inácio Lula da Silva a finales de este mes.
Los brasileños también otorgaron a políticos de derecha el control del Congreso y las gobernaciones en todo el país, incluyendo a cuatro nuevos legisladores federales con el apellido Bolsonaro. (Son la esposa del expresidente, dos de sus hijos y su hermano).
La racha ganadora de la derecha ya había facilitado el objetivo del presidente Trump de imponer una mayor influencia estadounidense en América Latina. Pero Brasil, la nación más grande de América Latina en población, superficie y economía, ha sido la pieza clave que le faltaba en su creciente lista de aliados en la región. Eso cambiará si Bolsonaro gana la segunda vuelta el 25 de octubre.
La administración Trump está empeñada en ejercer un control cada vez mayor sobre la región mediante aranceles, sanciones, ataques aéreos, revocación de visas, injerencias electorales, un bloqueo petrolero a Cuba y la captura del líder venezolano.
Se trata de la versión más agresiva del presidente Trump de la Doctrina Monroe, la reivindicación de la primacía estadounidense en América Latina que data de 1823. Y la combinación de la política del Trump con el ascenso de la derecha está generando un cambio fundamental en la región, particularmente en materia de seguridad.
La administración Trump ha convertido en su máxima prioridad en América Latina una nueva guerra contra las drogas. Ha comparado la lucha contra los poderosos cárteles de la región con la guerra contra el terrorismo en Oriente Medio y ha actuado en consecuencia.
El Departamento de Estado ha catalogado a 21 grupos criminales en América Latina como organizaciones terroristas. El Pentágono ha llevado a cabo 71 ataques contra embarcaciones en aguas que rodean Latinoamérica, causando la muerte de casi 240 personas que, según afirmó, eran narcotraficantes. (Muchos expertos legales consideran estos ataques ilegales). El mes pasado, soldados estadounidenses se unieron a una operación policial en Ecuador contra un cártel.
Este es el tipo de cooperación que la administración Trump desea ampliar. Dieciocho naciones latinoamericanas se han sumado a una nueva coalición liderada por Estados Unidos contra los cárteles, y al menos cuatro de ellas —Colombia, Guatemala, Honduras y Ecuador— ya han acordado realizar operaciones militares conjuntas con el Pentágono.
