
En las últimas semanas, ante los peores rebrotes desde mediados del año pasado, algunas ciudades han rescatado ese método para comprobar casos sospechosos y para contactos cercanos de infectados o, como en el caso de Yangzhou (este), para los controles rutinarios a trabajadores de cadenas de frío, sector que Pekín tiene en el punto de mira como uno de los posibles responsables de la última ola de contagios.
Una persona a la que hicieron un test anal lo describió como “extraño” en declaraciones al diario local Beijing News: “Te quitas los pantalones, te recuestas sobre la cama y sientes cómo te introducen los hisopos de algodón en el ano dos veces y los giran. Lleva como 10 segundos en cada ocasión”.

En las redes sociales chinas algunos usuarios están criticando la medida y se preguntan si realmente es necesaria teniendo en cuenta que los métodos más comunes han demostrado ser efectivos.
Citado por Global Times, el director del Centro Clínico de Salud Pública de la Universidad de Fudan (Shanghái), Lu Hongzhou, aseguró que las pruebas anales son «más estables y precisas» que las de nariz y garganta, en las que es más probable tomar muestras inutilizables o dar resultados erróneos.
Según los científicos chinos, el coronavirus desaparece más rápidamente en ese tipo de muestras que en las anales, lo que supondría que estas últimas serían más adecuadas para portadores asintomáticos o para aquellos cuyos síntomas respiratorios hayan remitido.
Sin embargo, Lu aclaró que los ‘test’ anales no son aplicables para las pruebas masivas que se desarrollan en las ciudades chinas en cuanto se detectan algunos casos.
