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**Por María José Bazo, vicepresidenta de Schneider Electric para Centroamérica.**

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) celebró el Día Mundial del Medio Ambiente por primera vez en 1974, como una plataforma para visibilizar las necesidades ambientales del planeta y construir acciones que respondan a la atención de las mismas. En 2015, con la firma del Acuerdo de París, varias naciones adquirieron compromisos para reducir las emisiones de carbono y mitigar el impacto del cambio climático. No obstante, las acciones no han sido suficientes y nos enfrentamos, cada año, a sequías extremas, inundaciones que arrasan con todo lo que encuentran a su paso, nevadas en lugares donde no era habitual y, aquellas amenazas climáticas que sonaban como una advertencia lejana las vivimos más de cerca, en nuestro país, en nuestra ciudad.

Global Footprint Network, organización internacional sin fines de lucro, que desarrolla herramientas para medir la cantidad de recursos que usamos, advirtió hace menos de dos años, que para 2050 la humanidad necesitaría los recursos de tres planetas Tierra para satisfacer las demandas que le permitan a la población mantener su estilo de vida. Un estilo muy enfocado, lamentablemente, en la economía lineal: producir-consumir y botar.

Tras los primeros meses de la pandemia, la naturaleza nos demostró lo que podía suceder si nos deteníamos solo por un momento, si le cedíamos espacio. Mientras sufríamos de incertidumbre, lamentábamos la pérdida de vidas humanas en todo el mundo y estábamos aislados en nuestros hogares, las aves se apoderaron de playas turísticas en diferentes lugares del planeta, felinos, monos, zorros y otros animales se vieron paseando por ciudades cuando no percibieron la amenaza que representamos los humanos para ellos. Mientras a nosotros nos faltaba el aire, el planeta respiró profundamente.

Y ese respiro permitió que la contaminación disminuyera en todo el mundo, así como el consumo de electricidad, la generación de aguas residuales y residuos sólidos. Barcos, aviones, automóviles, que generan gran parte de las emisiones dejaron de circular. Los edificios y las plantas de producción que tienen altos consumos de energía, apagaron sus luces, sus aires acondicionados, su maquinaria y el mundo entero se detuvo, sin más opción; y con él también se paralizó la economía de grandes empresas, emprendedores, familias, personas que viven en la informalidad laboral y buscan su subsistencia día a día.

La Covid 19 aún nos mantiene privados de lo que conocíamos como normal, y nos enseñó que una pandemia no solo puede afectar la salud humana sino la salud financiera de las naciones, sin importar que tan fuertes sean sus economías. Y si a esta afectación le sumamos las consecuencias del calentamiento global, debemos prever que una economía frágil deberá enfrentar el impacto que generarán las lluvias o los huracanes en estos meses, el riesgo para poblaciones vulnerables que viven en condiciones no aptas, la pérdida de infraestructura pública vital como puentes, carreteras, entre otros, que afectarán el comercio.

Con la pandemia también aprendimos que la Cuarta Revolución Industrial e Internet de las cosas (IOT) no son el futuro, sino el ahora. La adopción de la tecnología es una valiosa oportunidad para hacer un mejor uso de los recursos, beneficiando la economía de las empresas y aportando a la sostenibilidad del planeta, un aspecto vital para que, como especie, podamos seguir existiendo… es una alternativa para alcanzar ese balance que le permita al mundo respirar y a nosotros con él.

El IOT es una inversión que no solo contribuye a que las empresas sean más sostenibles sino también más eficientes en sus operaciones, productivas, seguras y resistentes. El análisis de datos nos permite tener un mayor control de los costos operacionales e identificar las áreas de mejora en cuanto a eficiencia energética. En ocasiones, el retorno de la inversión es inferior a 12 meses. La digitalización, sin duda, se perfila como una solución para un futuro más sostenible.

Apoyando el uso de la tecnología, las empresas también deben apostar por un modelo productivo que cuide el ambiente. La economía circular es la opción correcta, porque tiene un enfoque reparador y regenerativo, y busca que los productos, componentes y recursos en general, mantengan su utilidad y valor en todo momento. Dejar de producir para desechar, sino más bien establecer un ciclo de desarrollo positivo que conserva y mejora el capital natural, optimiza el uso de recursos y fomenta la eficiencia.

El 2021 y los años venideros nos plantean retos importantes en temas de salud, economía y, por supuesto, medio ambiente, ya vivimos en carne propia como una afectación de salud no respeta fronteras y nos pone en jaque a todos como humanidad. Lo mismo sucede con la salud del planeta, si no trabajamos por preservarla, nos veremos afectados todos.

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