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Son la minoría más importante del país en número, con casi 60 millones de personas.

Para resaltar su poder e influencia y con la intención de romper estereotipos, hemos seleccionado a 10 jóvenes menores de 30 años que inspiran a Estados Unidos.

Te invitamos a descubrir la historia de la chica que a los 14 años construyó un avión y consiguió el permiso para pilotarlo; el joven que lo dejó todo para triunfar con una empresa tecnológica en Silicon Valley; la artista afrolatina que busca abrir puertas para su comunidad o la indígena guatemalteca que sobrecoge a la audiencia cuando se sube al escenario.

Al elegirlos, los periodistas de la redacción de BBC Mundo en Miami contamos con la ayuda de compañeros de Telemundo, Univision, Latino USA/ Futuro Media, LA Times, Pero Like, Radio Ambulante/ NPR y The Washington Post podcast.

 

Estos son las historias de estos 10 jóvenes latinos contadas por ellos mismos.

10 latinos menores de 30 años que inspiran a EE.UU.

Stefania Arteaga

25 años. Defensora de los inmigrantes. Salvadoreña.

Cuando veía a los agentes de inmigración detener a personas para deportarlas a la salida de la iglesia o afuera de las canchas de fútbol, entonces yo iba a recoger a los niños que se habían quedado solos y los llevaba a sus casas. Así fue como empecé a ayudar a mis vecinos y con el paso del tiempo terminé trabajando en una organización por los derechos civiles que se llama American Civil Liberty Union (ACLU).

Mi objetivo es evitar las deportaciones y para eso entregamos asistencia técnica a las comunidades. La experiencia más difícil que me tocó vivir fue el caso de Pedro, un adolescente detenido camino a la escuela. Lo golpearon y lo dejaron en un centro de detención por ocho meses.

Lo vi cómo perdió peso cuando estaba detenido y los moretones que tenía porque los guardias lo golpeaban. Al final lo deportaron y ahora está en El Salvador, el mismo país donde yo viví hasta los 7 años.

Acabo de obtener la residencia, pero mis padres tienen un estatus migratorio temporal que debe ser renovado cada 18 meses. Y mi hermano corre el riesgo de que lo deporten. Pero tenemos esperanza. Vamos a apelar y vamos a hacer todo lo posible para que siga viviendo en EE. UU.

A futuro quisiera ser abogada para seguir luchando por los derechos de los migrantes.

Nalleli Cobo

19 años. Defensora del medioambiente. Estadounidense de origen mexicano-colombiano.

Tengo la suerte de haber encontrado mi pasión más temprano que mucha gente. Mi pasión es defender el medioambiente y la salud de las personas.

Yo crecí al lado de un pozo petrolero de la empresa AllenCo en el sur de Los Ángeles. Siempre estaba enferma y lo mismo le pasaba a mis vecinos. Tenía palpitaciones, dolores estomacales, dolores de cabeza, asma y sangrados de nariz tan severos que dormía sentada. Entonces comencé una campaña para que lo cerraran cuando tenía 9 años.

El pozo lleva cerrado siete años y ahora estamos luchando para que lo cierren de forma permanente. También estoy haciendo una campaña para poner una barrera de unos 760 metros en California que separe la zona donde se extrae petróleo de las casas donde vive la gente.

Los pozos petroleros no deberían estar cerca de las comunidades. Todos tenemos el derecho a respirar aire limpio. No es justo que porque somos pobres, que porque somos latinos, nos enfermemos.

Aunque no he dejado de trabajar por el medioambiente, tomé un año para dedicarme a mi salud y pelear contra el cáncer. Espero recuperarme pronto y en enero volver a terminar el primer año de universidad para convertirme en abogada. Y seguir luchando.

Quiero ser la primera mujer y la primera latina presidenta de Estados Unidos en 2036.

Diana Danelys De Los Santos

29 años. Artista Amara La Negra. Dominicana-estadounidense.

Yo nací siendo artista. La mayor pasión de mi vida es estar en el escenario. Soy una “show woman” y eso es lo que me apasiona. Interactuar con el público me hace sentir muy chévere. Me gusta bailar, cantar, actuar, soy compositora, tengo mi compañía de bienes raíces. Hago muchas cosas.

Soy una persona ambiciosa, luchadora, guerrera. Y aunque haya nacido en Estados Unidos y me haya criado en Miami, siempre digo que soy dominicana, que soy una mujer afrolatina. Soy de piel negra, me encanta. Dios nos dio la bendición de tener este color tan bello, que no hay que permitir que el mundo cambie nuestros corazones.

Crecí en el mundo del entretenimiento y nunca veía personas negras como yo. No había novelas donde yo viera a una negra como protagonista o a un negro haciendo un papel importante. Siempre era de nana, de limpiadora, de gangster, de violador, todo lo que fuera negativo.

Yo quería abrir puertas, romper barreras y darle esperanza a otros negros como yo de que algún día podían estar en la portada de una revista.

Me siento orgullosa de ser afrolatina.

Y creo que como latinos tenemos que mantener el idioma español porque es parte de nuestra herencia. Yo odiaba hablar español. Siempre decía “I don’t want to speak Spanish”, pero mi mamá me obligó a hacerlo y hoy se lo agradezco.

Arturo Elizondo

28 años. Emprendedor tecnológico. Mexicano-estadounidense

Lo dejé todo y me compré un boleto sin retorno de Washington D.C. a San Francisco. No tenía trabajo, ni dónde quedarme, pero quería hacer una empresa tecnológica en Silicon Valley para crear comida sustentable y sabrosa.

Seis meses después fundé Clara Foods, una empresa que desarrolla proteína animal de verdad, sin usar ni un solo animal, y que hasta ahora ha conseguido financiamiento por US$50 millones. Me convertí en un apasionado de la comida cuando descubrí que los alimentos más saludables y con menor impacto en el medioambiente, a menudo tenían un sabor de porquería o eran demasiado caros.

Me dio tanta rabia que me puse a investigar, terminé enamorado de la biotecnología, abandoné mi trabajo y aquí estoy haciendo todo lo que puedo para dejar el mundo un poco mejor de lo que lo encontré.

Por eso, aunque soy un emprendedor tecnológico, yo me veo como un activista por la justicia alimentaria.

Uno de mis grandes sueños es que mi madre o mi abuela compren mi comida porque es rica. Y no voy a darme por vencido porque así somos los latinos inmigrantes. Eso es lo que aprendí viviendo en la frontera entre México y Estados Unidos y viendo el sacrificio de mis padres para que nosotros tuviéramos un futuro mejor.

Sabrina González

27 años. Científica. Cubana-estadounidense.

Cuando solo tenía 14 años, Sabrina fabricó un avión con sus propias manos y lo voló sola. Unos años después, impresionó a la comunidad académica cuando se graduó con la máxima nota posible del Massachusetts Institute of Technology (MIT) y la Universidad de Harvard en Física Teórica.

Sus investigaciones han sido citadas por mentes brillantes como Stephen Hawking y en el sector privado hasta Jeff Bezos, fundador de Amazon y de la empresa aeroespacial Blue Origin, le ofreció trabajo.

Interesada en “detectar la elegancia dentro del caos”, Sabrina González Pasterski, nunca ha tenido una cuenta en Facebook, Twitter o Instagram.

Su padre, Mark, cuenta que su hija está tan concentrada en su trabajo en la Universidad de Princeton, que no tiene tiempo de ponerse al teléfono. Pero en un correo electrónico de apenas 48 palabras, la física teórica, nacida y criada en Chicago, cuenta que se reconoce como miembro de la comunidad latina.

“¿Qué sería yo sin mi mamá y qué sería ella sin su historia familiar? La identidad de uno es difícil de desacoplar de la propia realidad”.

Dedicada actualmente a la Holografía de Espacio Plano y a enseñar Teoría Cuántica de Campos, González ha sido catalogada por la prensa estadounidense como “la nueva Einstein”.

¿Cuál es su mayor sueño?: “Un mundo donde se valora más la búsqueda del conocimiento que la percepción de tener la razón”, le responde a BBC Mundo.

Luis Hernández

18 años. Activista contra las armas. Dominicano-estadounidense.

Nací en el Bronx de Nueva York. Desde niño crecí escuchando balazos como si fuera algo normal. Lo que pasa es que como muchos jóvenes se sienten indefensos, consiguen armas para sobrevivir. Pero el problema de fondo es que la violencia con armas de fuego ocurre porque hay pobreza, porque hay segregación en las escuelas.

Comencé a hacer activismo cuando tenía 14 años, después de que mi hermano fuera encarcelado injustamente. Al final lo liberaron sin ningún cargo. Yo veo una permanente criminalización de los jóvenes de mi comunidad y estoy convencido de que la criminalización, la brutalidad policial, la violencia armada, son algo sistémico.

No es que una mañana se levanta alguien y decide matar a otra persona simplemente porque se le ocurrió hacerlo. En este país es muy fácil conseguir un arma, cualquiera lo puede hacer. Lo único que necesitas es tu licencia de conducir.

Tenemos que luchar por el control de las armas de fuego, tenemos que cambiar las leyes y movilizarnos para que no siga muriendo gente inocente.

Como cofundador y director ejecutivo de la organización Youth Over Guns y director de campañas juveniles en The Gathering for Justice trabajo para que las cosas cambien. Hemos organizado marchas de cientos de miles de personas y seguiremos saliendo a las calles.

Lina Hidalgo

28 años. Jueza. Colombiana-estadounidense.

Soy la jueza del condado de Harris, en Texas, que es la máxima autoridad de un estado con 34 ciudades y casi cinco millones de personas. Ese es el nombre de mi cargo, pero no tengo funciones judiciales.

Manejo un presupuesto de unos US$5.000 millones anuales y soy la persona responsable de liderar cuando ocurren situaciones de emergencia como inundaciones, explosiones o la pandemia de coronavirus.

En realidad tomo decisiones sobre todo tipo de temas, que van desde el sistema de hospitales, el transporte o la educación, hasta las plagas de mosquitos. Es un cargo que se elige por votación popular.

Nunca se me había pasado por la cabeza postular a un cargo político. Mi camino siempre fue abogar por las personas oprimidas, por la libertad de expresión y por un gobierno más transparente.

Pero me presenté a las elecciones de 2018 por el Partido Demócrata para ayudar a la comunidad. No quise recibir ninguna donación durante la campaña y entonces ahora no tengo ningún conflicto de interés.

Algo muy lindo de este trabajo es cuando se acercan inmigrantes latinos para decirme que soy una inspiración para sus hijas, porque ahora las niñas saben que también pueden llegar a ser juezas del condado, que pueden ser lo que quieran ser. Eso es emocionante.

Ashton Mota

16 años. Defensor de los derechos de las personas transgénero. Dominicano-estadounidense.

Me identifico como latino, negro y transgénero. Son tres etiquetas que me convierten en una especie de objetivo para la discriminación. Pero, como sabemos, no voy a cambiar el color de mi piel y no elegí ser transgénero.

Soy un defensor de los derechos de las personas transgénero desde que tenía 12 años, cuando le conté a mi familia sobre mi identidad. Ellos me aceptaron con los brazos abiertos.

Ser aceptado es una de las mejores cosas que me han pasado. Me dio la oportunidad de usar mi voz para iluminar la experiencia de otras personas LGBTQ+ a través de organizaciones como Human Rights Campaign y The GenderCool Project.

Trabajo en proyectos educativos en las escuelas y recientemente he participado en eventos para promover la importancia de votar por representantes que defiendan nuestros derechos.

Yo me acepto como soy. Me acepto como transgénero, me acepto como latino, me acepto como negro.

Me gustaría algún día ser médico. Siento que ser médico y transgénero es una forma de mostrar que la comunidad LGBTQ+ es capaz de hacer lo mismo que hacen todas las personas, porque nuestra identidad de género es solo una parte de lo que somos como personas.

Ilyich Rivas

27 años. Director de orquesta. Venezolano-estadounidense

Vengo de una familia de directores de orquesta. Nací en San Cristóbal del Táchira, Venezuela, y llegué a Estados Unidos con menos de un año. Me siento profundamente orgulloso de ser latino y de pertenecer a una generación que es parte de la fábrica social de Estados Unidos.

En la vida me apasionan muchas cosas. El café, María Callas, los libros de Borges, las sinfonías tardías de Mozart o las de Schumann… es una lista infinita. Pero la mayor pasión de mi vida es la música.

Y la música en un contexto colectivo, porque el rol del director de orquesta es ser el hilo conductor de un ensamble colectivo.

Espero poder trabajar con las mejores orquestas, ese es mi sueño. Para eso me he preparado toda la vida. Y a veces hay que sacrificar cosas para conseguir lo que quieres. Yo sacrifiqué mi adolescencia. Dejé la escuela secundaria a los 16 años para dedicarme a mi carrera. Pero en retrospectiva, volvería a hacer lo mismo 10.000 veces.

La música -y me refiero a todo tipo de música- es un órgano vital de la humanidad. No se puede vivir sin música. Por eso es tan importante que sea accesible para los jóvenes.

Vanessa Tahay

20 años. Poeta. Guatemalteca.

Nosotros somos mayas y hablamos la lengua Kʼicheʼ. Yo nací en Guatemala en una aldea que se llama Totonicapán, un lugar muy bonito, cerca de las montañas.

Tenía 10 años cuando nos vinimos a Estados Unidos. Al principio fue muy raro escuchar que la gente hablaba este idioma. En la escuela leía libros en inglés aunque al principio no entendía nadita de nada. Leía y leía y así me fui enamorando del idioma y de leer libros.

En esa época mis tíos me decían que uno tiene que escribir su historia para no olvidarse de su origen. Entonces empecé a escribir mi historia. Y sin saberlo, estaba escribiendo poesía.

No podría vivir sin escribir un poema. Me gusta porque es la forma en que me puedo expresar. Tengo un poema que se titula Traducción, que dice que uno no se siente ni de aquí ni de allá. Y ahorita estoy trabajando en un libro.

También me subo a los escenarios porque soy una “spoken word poet” (una poeta de la palabra hablada).

Mi plan es seguir trabajado para juntar el dinero para pagarme la universidad. Quiero sacar mi doctorado en inglés y regresarme a Guatemala para abrir una escuela en mi aldea y enseñarle inglés a los niños. (I)

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