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 Su ataque ha sido contundente en el ámbito económico, social, político y, por supuesto, en la salud. Pero, hay otro espacio, no menos importante por donde la pandemia está embistiendo con fuerza: la información falsa.
Tedros Adhanom, director general de la OMS, utilizó -en abril- el término “infodemia” para referirse al exceso de información sobre el coronavirus, pero, no solo hay exceso de información, sino de desinformación, fenómeno conocido como fake news o información falsa o engañosa.
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Las fake news encuentran su campo fértil cuando hay poca información, incertidumbre, falta de certezas y pánico. El tema del coronavirus reunió todos estos elementos. Son cinco meses desde que apareció el virus y los científicos conocen poco, el mundo conoce poco.

Fotografía que acompaña al tema de noticias falsas sobre el coronavirus. Foto: Alfredo Cárdenas

El pasado 3 de mayo, el presidente de la República del Ecuador, Lenín Moreno, dijo: “Hay un reto aún más fuerte y es enfrentar otra pandemia que se riega, sobre todo, a través de los medios digitales. Me refiero a la pandemia de noticias falsas, la información no verificada, el dato manipulado y no contrastado…”.

A propósito de la pandemia, el Centro Knight en colaboración con la Organización Mundial de la Salud y la Unesco, con el apoyo de la Fundación Knight y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), impartió el curso “Periodismo en la pandemia: Cobertura de COVID-19 ahora y en el futuro”, en cuatro idiomas, desde el 4 al 31 de mayo. El curso en español se extendió hasta el 7 de junio de 2020. Entre otros temas, se abordaron las denominadas fake news.

Cristina Tardaguila, miembro de la “Coronavirus Fact-Checking Alliance”, un proyecto del Instituto Poynter y de la Red Internacional de Fact-Checking, en una entrevista con Maryn Mckenna, periodista científica, autora e instructora del curso, dijo:

“Actualmente (1 de mayo), somos 88 organizaciones colaboradoras en 74 países, en 43 idiomas. Hemos publicado 4823 engaños que han sido desmentidos. Solo para comparar: la segunda colaboración más grande que hemos visto fue “Reverso” en Argentina, que en 2019 reunió alrededor de 150 medios y verificó y desmintió 200 falsedades, en 10 meses”.

Laura Zommer, periodista y directora ejecutiva de Chequeado, primera organización de fact-checking en español, dice que la desinformación sobre el coronavirus se genera en cuatro categorías:

El origen del virus, cómo se expande y contagia; curas y tratamientos; y cuestionamientos a las medidas tomadas por los gobiernos.

Agrega que la tercera es la más peligrosa, porque las falsas curas y tratamientos pueden dañar la salud y poner en peligro la vida.

Cristina Tardaguila dice que una parte de la desinformación en salud se comparte con buenas intenciones, que cuando se trata de curas y medidas preventivas falsas, la gente comparte para ayudar a los que aman y les importan. Es diferente en el escenario político.

Las fake news sobre salud tienen mayor riesgo. “Esto lo vimos recientemente, cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sugirió inyectar desinfectante a personas con COVID-19 para matar el virus. Esto tuvo un efecto directo. Días después se reportaron cientos de personas, no solo en Estados Unidos, sino en todo el mundo, que se habían intoxicado por ingerir productos de limpieza”, dice Federico Kukso, periodista científico e instructor asistente del curso,

Consejos para verificar la información:

Laura Zommer dice: si eres periodista y tienes una imagen dudosa, aunque estés muy ocupado, usa la herramienta de búsqueda inversa de imágenes.

Cuando algo es extraordinario, extraordinario, extraordinario, su duda tiene que ser extraordinaria, extraordinaria, extraordinaria, porque la desinformación trabaja con nuestras emociones.

Federico Kukso expresa que cuando tengamos dudas debemos preguntarnos: ¿Cuál es la fuente de este contenido?, ¿quién lo dice?, ¿lo dice un científico?, ¿lo dice un político, un economista o un actor? Si lo dice un científico, ¿cuál es su especialidad?, ¿realizó un estudio?, ¿dónde lo publico?, ¿fue revisado por pares?

Sugieren, al escribir sobre las vacunas candidatas, que no se consulte a cualquier científico. Que se hable con vacunólogos, inmunólogos, infectólogos. No con neurocientíficos, geólogos, físicos.

Las fuentes, incluso las científicas y médicas, son interesadas. Una fuente puede tener el interés de comunicar mejor a la sociedad temas científicos, pero en otro caso, no.

Cristina Tardaguila dice que los artículos deben estar claramente fechados. Resalten, subrayen, pongan una negrita en el tiempo y la hora en que publicaron sus artículos, recomienda.

Las estadísticas sobre el COVID-19 se están haciendo con bases de datos que tienen cuatro meses de antigüedad. Se recomienda tener cuidado, porque lo que se dice hoy puede estar completamente equivocado en dos meses.

Cuando se quiera decir que una foto ha sido manipulada o un video ha sido alterado, no se lo debe reutilizar. Describe la foto y no la vuelvas a mostrar.

Pablo Correa, periodista científico colombiano, editor de El Espectador, dice que las fake news se convirtieron durante la epidemia en la excusa para hablar de ciencia. El saber que una parte de la sociedad cree en noticias falsas, para mí se convirtió en un reto y en un gancho para comunicarme con esas comunidades. Durante estos meses las he usado como un primer plano para construir reportajes, crónicas, entrevistas e interpelar a las personas que están creyendo en ellas.

Cifras de las falsedades:

La Unesco presenta algunas cifras sobre el alcance y difusión de las fake news:

  • De 112 millones de posteos públicos, en 64 idiomas en distintas redes sociales, sobre la pandemia del COVID-19, un 40% de los mensajes provenían de fuentes poco fiables.
  • La Fundación Observatorio de “Infodemia” COVID-19, encontró que casi el 42 % de los más de 178 millones de tweets sobre COVID-19, fueron producidos por bots (cuentas falsas).
  • Un estudio del Instituto Reuters realizado en seis países, señala que aproximadamente un tercio de los usuarios de redes sociales ha informado haber leído información falsa o engañosa sobre el coronavirus.
  • En marzo, fueron identificados en Facebook alrededor de 40 millones de mensajes problemáticos relacionados con COVID-19.
  • Aproximadamente, 19 millones de los casi 50 millones de tuits relacionados con el COVID-19 y analizados mediante inteligencia artificial (38% del total) por Blackbird.AI fueron considerados como “información o contenido manipulado”.
  • 8 millones de correos electrónicos fraudulentos sobre coronavirus están siendo bloqueados por Google en su servicio de correo electrónico Gmail, cada día.
  • Newsguard identificó 191 sitios web en Europa y América del Norte que publicaron información falsa sobre el virus.
  • La AlianzaCoronaVirusFacts ha descubierto y desacreditado más de 3500 informaciones falsas o engañosas, circuladas en más de 70 países y en más de 40 idiomas.

La desinformación no circula por formatos sofisticados, la mayoría llega en imágenes, por fotografías sacadas de contexto. Esto se soluciona fácil con una herramienta de búsqueda inversa de imágenes. Es abierta y gratuita, concluye Zommer.

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