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La especie, que podía alcanzar 1,70 metros de talla, fue nominada en 1905, pero se trata de “la primera vez que se puede asignar un cráneo hallado en la Antártida a una especie determinada”, explicó Carolina Acosta Hospitaleche, investigadora del Museo de La Plata, en Buenos Aires.

A partir de los restos recolectados en 2014 en la Isla Marambio, adonde Argentina tiene la mayor de sus bases antárticas, los científicos pudieron determinar la especie y esperan establecer con mayor precisión los movimientos y hábitos de este Anthropornis Grandis.

Fósiles de un pingüino gigante son hallados en la Antártida 

Además del cráneo se hallaron restos del tarso y metatarso de la pata izquierda, los que resultaron fundamentales para la determinación de la especie.

 

“A partir del análisis de sus inserciones musculares y de los movimientos que podría haber hecho, se estima que este animal habría usado su largo pico para arponear a sus presas, atravesándolas”, explicó Acosta Hospitaleche.

Además del cráneo se hallaron restos del tarso y metatarso de la pata izquierda, los que resultaron fundamentales para la determinación de la especie.

“No solo describimos los restos encontrados, sino que también realizamos estudios paleoneurológicos para ver qué áreas del cerebro de este animal tenían un mayor desarrollo proporcional y, por lo tanto, qué habilidades habría tenido más desarrolladas”, indicó la científica.

El ejemplar de pingüino más grande del que se tenga registro fue descrito por Acosta Hospitaleche en 2010 cuando se analizaron fósiles de una especie que podía alcanzar 2,30 metros de talla y que, según científicos, habitó la costa este de la Isla Marambio, en el mar de Weddell, durante el Eoceno medio.

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