Resultado de imagen para julio ligorria guatemalaPor Julio Ligorria

La frase que titula esta columna no es mía, es del recién electo presidente de Guatemala Alejandro Giammattei, cuando daba respuesta a un periodista que le preguntaba acerca de las políticas migratorias del presidente norteamericano Donald Trump. Esa respuesta además de ingeniosa contiene la verdadera solución al fenómeno migratorio tanto en las Américas, como el que afronta Europa con los migrantes provenientes del África Subsahariana.

Era yo embajador de Guatemala ante la Casa Blanca en 2014 y 2015 , cuando el tema de los niños migrantes no acompañados se convirtió en un drama humanitario muy serio con mas de sesenta mil niños llegando a la frontera sur de EEUU en el verano del 2014. Y tras buscar soluciones con diversos sectores, coincidimos en que la llegada de niños solitarios e indocumentados era resultado de varios factores que les hacían viajar miles de kilómetros sin acompañamiento familiar, aunque si bajo la vigilancia de los llamados “coyotes” dueños de un negocio de seiscientos millones de dólares anuales en tráfico humano.

El factor principal de exportación humana en el triángulo norte de América Central hacia los Estados Unidos, es la falta de oportunidades en los países de origen, por el impacto que sufren las frágiles economías de la región por diversas razones; es una migración de origen financiero. Un segundo componente es el incremento de la violencia en sus comunidades de origen, con lo cual se incorpora el tema de la sobrevivencia ante un entorno hostil. Una tercera causa, se analizaba, era el tema de la reunificación de familias que se habían desintegrado cuando uno o ambos padres había ingresado sin documentación a territorio estadounidense y se habían logrado establecer.

De igual manera la ola de migrantes ilegales hacia Europa debe ser analizada desde dos perspectivas que son, sin duda, similares a lo acontecido en las latitudes americanas. La perspectiva humana, nos dice que el deseo de superación y la búsqueda de un futuro menos obscuro que en sus tierras natales impulsa a los migrantes africanos a desafiar la muerte en alta mar. Es ese sentido de sobrevivencia el que alienta a miles de ciudadanos a buscar la tierra prometida en el Viejo Continente.

La otra visión, la política, encierra un panorama obscuro y con un rostro poco amable. Plantea las necesidades de los países europeos por preservar su cultura, la seguridad de sus ciudadanos, controlar sus presupuestos y racionalizar el proceso de expansión poblacional dentro de un orden lógico y un territorio ya densamente poblado.

El éxito de la convivencia humana descansa en el respeto al derecho ajeno, como lo citaba Benito Juárez, uno de los mexicanos universales. Y si bien los migrantes se juegan la vida en busca de un futuro mejor y deben ser respetados, igualmente válido es el interés de las sociedades europeas por conservar un modo de vida, que se ha construido con mucho sacrificio. Europa ha hecho grandes sacrificios para elevar el nivel de vida de sus pobladores a partir de una masa critica limitada de habitantes y muchos impuestos. Por contraste, los países de origen de los migrantes viven bajo condiciones diametralmente opuestos: pocos impuestos y una masa poblacional que crece inconteniblemente.

La migración desde África es un riesgo para el modelo socioeconómico europeo porque las posibilidades reales para conservar la cultura y sostener el modelo productivo están prácticamente a límite. En menos de 25 años, la población musulmana –cito este dato como ejemplo, será casi la cuarta parte del grueso poblacional y eso implicará un altísimo riesgo de modificar la cultura y desmejorar el nivel de vida si se quiere tener una sociedad equitativa y con oportunidades para todos.

En alguna medida, los paradigmas con que se analiza el tema de los migrantes son muy parecidos cuando se ve el mismo fenómeno en Estados Unidos. La gran diferencia está en que la cuna del sueño americano si tiene posibilidades de crecer exponencialmente en el tema de oportunidades y desarrollo económico porque en esa parte del mundo aun hay hacia donde crecer.

Las olas migratorias siempre prenden las alarmas gubernamentales. El problema es verdaderamente serio, un reciente estudio estima que en proporción a las poblaciones nativas europeas, dentro de 25 años la presencia de los migrantes desde el continente africano equivaldrá a casi la cuarta parte de masa crítica humana de toda Europa. Es natural que ese sea el panorama: mientras las familias europeas están creciendo a tasas peligrosamente bajas para conservar sus características propias y su población tiene mayor edad promedio, los recién llegados son jóvenes y se reproducen con rapidez.

La solución al fenómeno es compleja más no imposible. Reclama estabilidad política en los países exportadores de migrantes. Pide la generación de oportunidades, sostenibilidad en el empleo y respeto al ser humano en todas sus versiones. Pero sobre todo, pide que el respeto a la ley sea el normativo básico de convivencia.

Mientras haya abuso en el entorno africano, habrá violencia. Mientras haya menos oportunidades de paz y desarrollo, existirá migración. Por ello parafraseando a Giammattei no es con barreras o muros que este fenómeno se detendrá, son zonas de prosperidad y oportunidad, planificadas, bien financiadas y supervisadas las que pueden producir una solución ganadora para todos.

La formula de solución debe incluir un alto componente de trasparencia que aleje los programas de la corrupción, lo que se convierte en un factor de distorsión que amenaza con el fracaso a cualquier iniciativa en la dirección propuesta.